En
muchas cosas, demasiadas. Antes de nada aclarar que voy a generalizar
para que los problemas sean más evidentes, como todo en esta vida
existen excepciones, pocas, muy pocas. Los principales pecados
capitales de la cinefilia-crítica son los siguientes, casi todos
ismos: el seguidismo, el
individualismo-quijotismo-divismo-narcisismo, el
amiguismo-enchufismo, el cortoplacismo, y el trepismo, el sempiterno
quítate tú para ponerme yo. Antes de entrar a desarrollar estos
puntos, empiezo señalando que el principal problema de todos es que
en España nunca ha existido una verdadera cinefilia al margen de la
crítica, ha habido una crítica oficial, la que cobraba a fin de
mes, y una paracrítica amateur, aspirante a cobrar a fin de mes. Un
conjunto de espectadores que de forma destinteresada, militante, se
organice para difundir un cine alternativo al que se estrena en salas
y festivales en España es una quimera. El cineclubismo nunca llegó
a cuajar fuera del ámbito universitario, y solo durante el periodo
universitario, una vez fuera la pasión cinéfila se diluye o
directamente desaparece. Los foros de descarga o de opinión, que
tanto proliferaron a finales de los 90, llevan años, casi décadas,
vegetando. Nunca ha existido una crítica-cinefilia alternativa,
anti-sistema, existía/existe, la destinada a los estrenos, y la
destinada a los festivales. Y cada una defiende su pequeño gueto con
uñas y dientes. Una defiende un sistema, digamos privado,
capitalismo cinematográfico, público pagano, y otra un sistema,
digamos público, subvencionado, incluyo todo tipo de fundaciones,
festivales e instituciones culturales. Dentro de este sector viven, a la sopa boba, todos aquellos cinéfilos radicales que en los 90 y
principios del siglo XXI decían ser anti-sistema, alternativos,
marginales, los no aspiramos a ser críticos ni programadores, lo
nuestro es pura devoción, el cine como devoción. Una vez dentro del
sistema son indistinguibles de los otros, de los anteriores, sin
mantener el sistema, no se puede ir en contra del gusto general del
contribuyente, se van a la cola del paro. Todas las revistas amateur
desaparecieron en cuanto metieron la patita en el sistema, o en
cuanto comprobaron que no podían meter la patita en el sistema. Se
ve que lo de escribir para tratar de difundir el cine menos conocido
no es suficiente aliciente, recompensa. Porque esa es otra, el
principal esfuerzo cinéfilo de escritura colectiva, léase
Filmaffinity, IMDB o Letterboxd, principalmente va destinado al cine
ya conocido, difundido, el único que te puede dar cierta visibilidad
entre los cinéfilos lectores, que generalmente buscan reafirmar sus
opiniones-gustos previos, y el resto acaba desapareciendo en ese
magma gigantesco de películas, listas y textos intrascendentes,
repetitivos. Todas las listas de las mejores películas de estas
páginas acaban convergiendo, siendo prácticamente iguales, el
conocido efecto del consenso de la mediocridad. Un fenómeno del que
ni tan siquiera pueden huir las listas supuestamente más
comprometidas, serias, como la de Sight&Sound, que da un poco de
verguencita ajena, basta con tener contactos para poder participar,
no hay ni la más mínima criba cinéfila, el criterio, la
trayectoria, es lo de menos. Cualquier lista de cine mundial queda
completamente desacreditada cuando hay más películas del siglo XXI,
su Edad de Plástico, que de los 60 o 70, el conocido efecto lo
último que he visto, lo que viene siendo la anti-cinefilia, la
anti-crítica, que debería consistir en fomentar el espíritu
crítico, y en huir del espejismo del presente, concepto que en arte
no existe, todo es tradición, la posmodernidad es un invento para
poder vivir del cuento borrando, ninguneando, el pasado. Si mato al
padre, el hijo no es un inútil por comparación. La estrategia de la
crítica desde que es critica, cine es lo que se estrena esta semana,
lo demás huele a rancio. Solo desde la desmemoria cinéfila se puede
lograr que el público actual acuda a las salas virgen de
expectativas, de exigencias de calidad, sumiso a lo que le quieran
vender.
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Hecha
la introducción, seguramente más larga que el desarrollo, paso a
los pecados capitales de la cinefilia-crítica, como ya he dicho
antes, completamente indistinguibles. El seguidismo, el
afrancesamiento, España nunca ha tenido una crítica propia, unas
ideas de cine propias, una política de autores propia. El corta y
pega de las revistas de cine francesas, inglesas, americanas, las
traducciones encubiertas y no reconocidas, siempre ha sido la
práctica habitual de los cinéfilos-críticos españoles. El abordar
cualquier texto a puerta gayola, sin leer previamente todo lo que ya
se ha escrito sobre determinada película, director, es algo que ni
se contempla, podría salir algo personal, diferente, algo que
cuestione las opiniones generalmente aceptadas, lo cinéfilamente
correcto. Lo que sancionan los críticos franceses y anglosajones es
palabrita del niño Jesús, su canon es el canon, establecer nuestro
propio canon requiere demasiado esfuerzo, valor, remar a contracorriente es muy cansino, agotador. El resultado es que en
estos chauvinistas cánones siempre hay mayoría de películas
americanas y francesas, la mayoría intrascendentes, ridículas. Sus
historias del cine se podrían resumir en: nosotros somos el cine, y
el resto migajas, simples calcos. Cualquier canon de 1.000 películas
en el que no haya al menos 500 europeas, o 100 asiáticas, es una
soberana estupidez, una supina muestra de ignorancia, de incultura,
de paletismo cinéfilo-crítico. A estas alturas es imposible luchar
contra la política de autores, volver a la política de películas,
la única realista hablando de cine, de arte, pero lo que sí se
puede hacer es al menos plantear un olimpo alternativo, o ser crítico
con el ya establecido, generalmente muy alejado de nuestra propia
idiosincrasia cultural, de nuestros propios usos y costumbres
creativos, que hablando de España es hablar de la cima de casi todas
las manifestaciones artísticas a nivel mundial. ¿Si nuestro arte es
diferente, singular, y siempre lo ha sido, porque adoptar plantillas
de valoración ajenas? ¿Por qué no imponer nuestra forma de ver, de
sentir, de expresarnos, mucho más visceral, humorística y apasionada, de analizar, el arte, que nada tiene que ver con el
cartesianismo, racionalismo, francés, con el conductismo,
materialismo, anglosajón? Por simple pereza, indolencia, acomplejamiento, por el
habitual desprecio, menosprecio, a lo propio. El crítico-cinéfilo
español es más feliz invirtiendo su tiempo, sus esfuerzos, en
tratar de ser aceptado por los prepotentes críticos
franceses-americanos, su sueño dorado es formar parte de ellos, que
luchando contra ellos, que tratando de imponer su propio criterio,
visión. Hemos renunciado a la lucha sin tan siquiera haberla
comenzado, ni aspiramos a convencer, ni a vencer, solo a la sumisa,
condescendiente, aceptación. La crítica-cinefilia española es de
naturaleza borreguil, mataría por defender “El Padrino”, que ni
nos va ni nos viene, la Picaresca es otra cosa, y se pondría la
primera de la fila para apedrear a “La tía Tula”. Tenemos la
crítica-cinefilia que nos merecemos, la que nos hemos dejado
imponer.

Los fuegos fatuos
Pasemos
al individualismo, al quiijotismo, al divismo, al narcisismo. Aquí
todo cinéfilo-crítico se cree imbuido de la verdad universal, su
criterio es la ley, aprender de los demás, sumar los hallazgos de
los demás, es rebajarse, humillarse. Cada cual apadrina a sus propios autores, por supuesto incontestables, y les pone unas velitas, que si tiene la suerte de tener algunos amigos influyentes, sonarán hasta en la sopa, aunque lleven décadas siendo la mosca muerta en la sopa. De ahí la multiplicación de
podcasts de cine (blogger ya no deja de ser más que un atavismo
vintage, una resistencia numantina por inercia), que tienen
exactamente la misma audiencia que las antiguas emisoras locales
independientes de radio, entre cero y ninguna, lo que en términos
psiquiátricos se llama hablar solo. El divide y vencerás leído a
la contra, porque ese lema está destinado al enemigo, no al supuesto
cinéfilo compañero de fatigas. El éxito de los demás es nuestro
fracaso, el cinéfilo-crítico con lectores, repercusión, es el
enemigo a batir, cuando lo lógico sería que se tratase de utilizar
ese altavoz para ampliar el foco, para construir una cinefilia, una
base de espectadores comprometidos, apasionados. Hay tantos guetos
cinéfilos, tanta especialización forzada, que es imposible hacerse
una idea global de nada. Que me hacen algo de casito con el cine
experimental, incluso me llaman para programar y todo, pues a partir
de ese momento solo hablo de cine experimental. La cinefilia-crítica
como medio para un fin, vivir del cine, o buscar repercusión
personal, vamos puro narcisismo, no como un fin en sí mismo. Que de
pronto se pone de moda el western, pues vaquero de toda la vida, lo
que siempre se ha llamado oportunismo, bienquedismo. La de directores
que han sido encumbrados injustamente simplemente por seguir la corriente, por
apuntarse a caballo ganador, o por algo tan ridículo como compartir el tanto de su descubrimiento. Si cientos de críticos-cinéfilos
dicen que es bueno por algo será, todos los premios y listas de las
favoritas del año funcionan así, por arrastre, por efecto percha.
El ser humano es inseguro por naturaleza, el crítico-cinéfilo aún
más, y aspira a ser aceptado por los demás, algo incompatible con
la libertad, con tener criterio, gustos, propios. El efecto masa es
muy poderoso, aunque casi siempre en materia cinematográfica sea un
rebaño que se dirige directamente a un precipicio. Hay demasiados
críticos a los que no les gusta el cine, que carecen de curiosidad,
de espíritu crítico, de criterio, son coleccionistas de fotografías, de
autógrafos, de canapés, groupies, parásitos del cine que tragan con lo que
sea, escriben con plantilla, ajena, la que previamente ha establecido
la línea editorial, los productores, los propios directores. El
amiguismo-enchufismo, el trepismo, es directa consecuencia de esto,
como el cine es lo de menos, un medio, llegar es lo importante, a
costa de quien sea, lo indiferente es el cómo, ¿y cuál es la manera
más fácil en España, la única? Pues tirar de amigos, de
contactos, la vía más directa para conseguir cualquier cosa, desde
ser director de un Festival, a programador, a profesor de una escuela
de cine, o simple taquillero. La meritocracia en términos de cine no
existe, una llamada a tiempo abre mucho más caminos que un currículo,
que una trayectoria de constancia, esfuerzo y voluntad. Total, lo
importante es el aquí y ahora, el cortoplacismo, el sobrevivir, el
cubrir el expediente, el cine en el fondo no es gran cosa, mero
entretenimiento intrascendente, un lujo cultural para intelectuales
aburridos, sociópatas, y sin porvenir. La cultura cinematográfica
española se cimenta en el orden analfabético, en el homenaje
post-mortem. Larga vida a la cinefilia-crítica española, si es que
algún día consigue nacer, aunque sea con fórceps, con palillos.
