El flamenco en España siempre ha estado en manos de cuatro espabilaos, de cuatro oportunistas, y o pasabas por el aro o no te comías un colín, al menos en territorio patrio. Se tiende a asimilar que todos los flamencos que emigraron a Francia, a Bélgica, a Suiza, eran unos mediocres, unos ganapanes, que salían de España porque aquí nadie les tomaba en serio como artistas, como artesanos. Seguro que muchos lo hicieron solo por ganarse la vida, por dinero, las condiciones eran más dignas, pero hubo una inmensa mayoría que lo hicieron por razones ideológicas, para sentirse más libres, también creativamente. Os recuerdo que hubo una Guerra Civil y que gran parte de los artistas, también los flamencos, salieron por patas, no les quedó otra, era eso o la muerte, eran republicanos (de izquierdas y de derechas). El caso es que una vez que cruzaron la frontera se convirtieron en el hombre invisible, y más si hablamos de un guitarrista, que en la época eran menos que nada, el tonto del pueblo, el bajo de cualquier grupo. Si los cantaores de tablao cobraban cuatro duros, pesetas, reales, los guitarristas de acompañamiento trabajaban por la comida y la cama. La mayoría completaban sus ingresos dando clases particulares a aficionados. Hasta que los guitarristas, los tocadores, no empezaron a grabar discos en solitario en el extranjero, en los Estados Unidos y en Francia, la cosa no empezó a cambiar. Pepe de Almería, Pépé para los gabachos, fue uno de estos héroes del mástil que abrieron caminos, que triunfaron en tierra extraña. Era el guitarrista estrella del tablao parisino "Le Catalan" (el propietario era el catalán Joan Castanyer, rebautizado Jean Castanier, amigo de Buñuel y Dalí, pintor, decorador, escritor, director de "Catalanes en Castilla" (1937) y "L´homme qui revient de loin" (1950), y guionista de "El crimen de Monsieur Lange" (1936) de Renoir), el que más entusiasmo levantaba, el que más grabó, acompañando a todos los clásicos del exilio francés: Jacinto Almadén, Rafael Romero, Amalia Román, la Maja de Castilla, Pepe de Granada, José Vargas, Elvira del Albaicín, Chico de Madrid, Pedro de Linares, Pepe de Córdoba, Manolo Leiva, Antonio Vargas "el Africanito", Enrico Orosco, Jesús de Madrid. Su nombre era tan popular, sobre todo en París, le denominaban "el Quijote del Flamenco" (era alto, delgado y moreno), que en estos discos siempre le reservaban varios cortes en solitario, algo que no era muy habitual en la época. Si juntas todos los singles, todos los EPs, más de 10, te queda una muestra muy representativa de su talento, versatilidad, de su innovadora, rotunda, forma de tocar, casi 50 toques. Por supuesto estos discos (editados en los sellos extranjeros habituales: BAM, Président, Symphonium, Barclay, Bel-Air, GEM, Disques Vogue, Discophon), esta repercusión, nunca llegaron a España, sus incursiones en tierra propia fueron escasas. De hecho en España solo se ha publicado un larga duración, el póstumo "La guitarra de Pepe de Almería" (1967) en el sello marginal Mizar (aunque realmente es una reedición con el título cambiado de "Hommage à Pépé de Alméria" (1963) del sello francés Président).
La biografía del bueno de José González Rodríguez
también es muy interesante. Nació en Almería, en la calle Mirasol del
barrio de San Cristóbal (al que le dedica dos maravillosas zambras), el
25 de diciembre de 1917, con 7 años ya destacaba con la guitarra, sus
profesores fueron Miguel "el Tomate", Juan Briones y Gabriel Amate. Como
buen republicano, llegada la Guerra Civil se exilia a Francia, donde
estuvo una temporada en los campos de concentración franceses, que se
hizo extensible a los alemanes, Mauthausen, con la llegada de los nazis.
Ya fuera, se salvó gracias a sus habilidades artísticas, no le pasó lo
mismo a millones de gitanos, se casó con una francesita y tuvo varios
churumbeles. Miembro de la Academia de Guitarra de París, formó varias
compañías flamencas con exiliados que recorrieron toda Francia.
Múltiples grabaciones entre 1954 y 1963, actuaciones en París y
alrededores, el cinturón industrial de Saint-Denis, el destino de muchos
emigrantes españoles (más de 25.000 (más de 100.000 en París, 30.000 en
Marsella y 100.000 en Lyon, vamos que media Francia tiene origen
español, extremeño), asistidos por los claretianos, comida y
dispensario gratis, por el Real Patronato de Santa Teresa de Jesús, con
el que colaboraba habitualmente Pepe, creó una rondalla), y comienzan
los problemas de visión que le llevan a la tumba a mediados de los años
60 por un accidente de tráfico. La cultura española le debe un
reconocimiento, recuerdo, a estos flamencos exiliados, que expandieron
la cultura flamenca por toda Europa. Lo mismo que se ha intentado hacer,
con poco éxito, con los escritores.
Descarga:
https://mega.nz/file/HbIngIhB#KRL5IflnHsM4vh4Mn8MhvsEuZyCWqa-nKSbDIVNG5n4
Propina (todos sus toques en solitario):
https://mega.nz/file/yWITGYaB#Mb1qDB1TRhhTpb6_dwtVm9MhQFmJewsW06zSAR_Ia7Y
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